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Opinión |

Antología política: Brasil y Guatemala, la batalla por la Democracia

por Helmer Velásquez

Director ejecutivo de CONGCOOP, Guatemala.

Ubicados en confines opuestos del continente; dos países, dos realidades, dos procesos políticos que -salvando obvias diferencias- reflejan sociedades cruzadas por una misma batalla. La batalla por la democracia. Lo particular a los dos países es que las causales –esgrimidas- son las mismas: corrupción y desmanes políticos de los gobernantes, sin embargo, las motivaciones y los fines opuestos. Los métodos: similares. En Guatemala con la venia del Parlamento encausamiento judicial de Presidente y Vicepresidente. Ningún empresario de alto nivel fue encausado. Al trámite judicial, se sumó una amplísima movilización social. Todo en su conjunto determinó la renuncia y encarcelamiento de los gobernantes.

Sin embargo, la democracia política –en Guatemala- está lejos de alcanzarse, esperan extensas jornadas de movilización social si se quiere alcanzar la reforma política del Estado. Los estamentos políticos: partidos e instituciones, si bien se vieron sacudidos por la ola de indignación social. En esencia no han cambiado. El Parlamento -surgido del proceso electoral 2015- instaurado en enero 2016. Continúa su gestión con formas poco éticas de hacer política. Así por ejemplo, la pretendida reforma de la Legislación Electoral y del Sistema de Partidos políticos, está siendo confeccionada “a la medida de la vieja práctica política”. Esto pese a presiones sociales. Los políticos no aprendieron la lección, continúan guiados por el viejo –anti- paradigma: cambiar para que nada cambie. Los empresarios –conservadores en su mayoría- guardan silencio cómplice.

A la presidencia de la República, llego un partido político (escasamente estructurado) favorecido por el voto ciudadano, justo, en el medio de la crisis de legitimidad del sistema político (segundo semestre 2015), propuso como candidato a la presidencia a un comediante, sin programa de gobierno y con una única consigna: “ni corrupto ni ladrón”… todo lo cual le bastó para triunfar. En ese escéptico escenario, sigue sin avanzar una estrategia nacional de desarrollo incluyente, que entre otras cuestiones: amplíe la incorporación de la niñez al sistema educativo, mejoras al sistema de salud en cobertura y calidad. El desarrollo rural no está en agenda. En síntesis, el sistema económico no se ha movido un ápice y no aparecen en el horizonte, indicios para una transformación.

Del otro lado del espectro las organizaciones campesinas y sociales, continúan con la iniciativa en la lucha transformadora. Ahora mismo, la Asamblea Social y Popular libra otra jornada de lucha: once días de marcha del campo a la ciudad, reivindicando el Derecho Humano al agua, frente al hurto (cambio de cauce) de los ríos hacia los fundos agro industriales. El acceso a la tierra y la garantía de sostenibilidad del territorio ancestral, frente a la apropiación sistémica en favor de las corporaciones nacionales y transnacionales.

En Brasil parecen conjugarse los mismos elementos, sin embargo, la finalidad de defenestrar a la Presidenta, no busca –como en el caso Guatemala- ampliar la democracia. En Brasil, la causa, está signada por una estrategia para restringir democracia. Si bien la corrupción es un elemento en común y –también- está al centro de la convulsión, es hecho notorio al día de hoy que la Presidente Dilma Rousseff, Primera Mujer Presidenta de Brasil no es parte de la trama corrupta y no se ha enriquecido ilícitamente. Sin embargo, con aquel argumento se inicia proceso parlamentario, con la finalidad expresa de defenestrarla. Acá la cuestión, a diferencia de Guatemala, reviste otras motivaciones y finalidades que dan –al enjuiciamiento político de Rousseff- características de conspiración; por razones como las siguientes: se trata de la dirigente de un partido político colocado a la Izquierda. Con un programa claro de reformas sociales y que si bien en el ejercicio del poder de Rousseff no se profundizaron, su Presidencia es heredera del legado del Presidente Lula. Consecuencia de ello: las grandes corporaciones pretenden cortar de tajo el simbolismo político que imbuye el Partido de los Trabajadores y de paso revertir las conquistas que la movilización social y el ejercicio político Brasileño ha logrado en términos de ampliación democrática en aquel país ¡y por sobre todo! borrar de un plumazo el “mal ejemplo” que el Partido de los Trabajadores puede significar para otros países de América Latina.

El proceso político brasileño, se asemeja a formas de acción política que los Latinoamericanos creíamos superadas y cuyo fin último siempre fue derrocar a gobiernos -que por su autonomía de los viejos cacicazgos oligárquicos- “debe” sustituírseles en la dirección del Estado. Así que más allá de las semejanzas entre lo que pasa en Brasil y Guatemala, lo obvio es que estos dos países más Venezuela y Bolivia son escenario de una encarnizada batalla por la democracia. Entre viejos y nuevos órdenes.

En tal sentido la tarea de los pueblos de América Latina, es profundizar y ampliar la democracia, nunca debilitarla, mucho menos revertirla. Es momento de consolidar lo logrado -con un alto costo para los sectores populares y sociales de nuestros países. Ampliar brechas de participación popular en el ejercicio del gobierno, trascender a la democracia económica en favor de vida digna y soberanía de nuestros pueblos.